Ciudad perdida con todo lo imaginado incluido

El plan decía visita la ciudad perdida, 5 días 4 noches y empezó bajo la compañía del sol de Santa Marta a las 9 de la mañana.

La camioneta todo terreno nos acercó, dos Alemanas, una Polaca, un canadiense, otro Bogotano y yo al Mamey un tranquilo pueblo donde los niños caminan descalzos por las calles de lodo y barro. Almorzamos y en compañía de los niños, el guía indígena vestido de blanco y buena energía empezamos el ascenso.

El primer río aparece antes del primer kilometro de recorrido y debemos cruzarlo, esto se pone emocionante, sin zapatos y con mucho cuidado llegamos al otro lado, frescos para continuar. La mayoría del camino es ascenso el terreno está seco y nada parejo.

El primer campamento y la promesa de poder bañarnos en una piscina natural ya está a la vista, solo queda cruzar un puente colgante, dejar la maleta, comer algo y a la piscina que está bajo una piedra de 10 metros de altura que debíamos saltar, un salto que tenía muchas ganas de hacer hace mucho tiempo.

La noche es tranquila y el sonido del río nos arrulla hasta que el despertador suena, antes de las 5 am. porque el camino nos espera, varios grupos salimos a la misma hora, aunque no somos muy expresivos, la buena energía se siente, la mayoría de los caminantes son extranjeros y en el camino se oyen conversaciones en inglés, francés, alemán, portugués y otros que no supe identificar, pero todos caminábamos con la misma meta, una meta que era recompensada con frutas, la sandía era el manjar para refrescarnos y recargarnos y las naranjas le daban el toque acido al recorrido.

Llegamos a una parte del río después de la caminada del día, para bañarnos y descansar. Tomamos el sol, pasamos sobre las incomodas piedritas del río e hicimos chistes en el agua y mientras nos acomodamos para la foto, pasa lo inesperado, el bogotano se recuesta en una piedra y mientras esperamos la foto vemos como la corriente del río se lo va llevando, el pierde el control y no intenta nadar hacia la orilla, solamente pide ayuda y nos mira a todos con cara de pánico esperando que lo ayudemos, pero todo pasa tan rápido quedamos congelados, nuestro grupo que estaba más cerca no pudo hacer mucho y los guías que estaban a la orilla del río corrieron río abajo para alcanzarlo. De no haber sido por el sonido de las hojas sacudidas por el viento, el continuo paso del agua y las aves de la sierra, el momento hubiera sido el más silencioso. Perdemos de vista al señor y solo quedan las esperanzas, esperamos más de una hora alguna señal de la situación pero la comunicación en la selva el complicada. (Mis ojos se empapan al recordar este momento).

Esperamos casi una hora en la orilla del río ya es tarde y debemos llegar al siguiente campamento para almorzar así que, como el mejor equipo nos dividimos las pertenencias del Bogotano para llevarlas con nosotros hasta llegar a Santa Marta. Fue la caminata más triste que puede hacer, las palabras no hicieron falta porque se notaba el animo y en el campamento todos ya conocían la historia, igual que yo queríamos un final feliz.

Dormir fue complicado el sonido del río era el continuo recuerdo de lo que había ocurrido. Nuevamente antes del amaneces debíamos estar listos para conocer la famosa ciudad perdida, el campamento estaba cerca así que no era necesario llevar las maletas, caminamos un rato antes de encontrar nuevamente el río, esta vez hay una cuerda para apoyarnos mientras cruzamos, la corriente es fuerte y el miedo que no sentía hacia el río ahora existe. Al otro lado nos esperan unas escaleras casi como dando la bienvenida a lo que alguna vez fue la ciudad de los Tayrona, subimos, subimos y subimos para ver las primeras terrazas y los pasillos de rocas perfectamente ordenadas aunque cubiertas de plantas y musgo.

De la historia me quede con lo real y es que este lugar es un cementerio, con la llegada de los Españoles las enfermedades y el poder asesinaron a muchos indigenas y como la costumbre era enterrarlos en el suelo bajo sus casas y que una nueva familia viviera sobre estas, la cantidad de cuerpos es inimaginable.

Cada lugar es una historia, no importa si la creamos o si la escuchamos, los invito a aprender del próximo lugar que visitas porque no se trata solo de una historia de viaje.