En Cali con suerte

Cali tiene algo particular no sé si es el calorcito en el ambiente, el acento de la gente o el sazón de la comida.

Pero la suerte jugó un papel importante en mi visita. Llegué por tierra en bus intermunicipal no sé si por casualidad a la hora del almuerzo, perfecto para disfrutar una deliciosa trucha en la terminal, camino hasta el paradero de bus Mío y oh sorpresa necesito una tarjeta para usar él servicio, otra oportunidad para la suerte porque me subí al bus y pedí él favor en voz alta para que alguien me vendiera un pasaje, una señora muy acomedida me hizo él favor y empiezo a conocer Cali desde la avenida las Américas hasta el parque Simón Bolívar Cali, camino hacia el hostal que ya tenía apartado y me estalló de la risa cuando me doy cuenta que la casa está en venta, seguí sonriendo y busqué otro hostal en Google maps y la suerte me llevo a la zanahoria, un hostal vegano con buen ambiente y muy económico, me instaló y salgo a caminar cerca al barrio San Antonio, tomo fotos del panorama Caleño desde el parque San Antonio y voy caminando hasta el Museo la Tertulia y la suerte fue con migo, porque era el día de los museos y la entrada era libre y habían actividades especiales, pase allí un rato y después del atardecer llegué al parque de los gatos, tomé algunas fotos y regrese al hostal.

Parque san Antonio

La mayor razón por la que digo que fue un día con suerte es por la personas que conocí en él hostal, un Alemán, una francesa, una norteamericana, dos argentinos, una canadiense y una Australiana, pudimos conversar de lugares, gustos y armar un plan para ir a un festival de música andina donde todos bailamos sin saber un solo pago de baile, fue casi mágico sentir la fusión entre la música andina en vivo, toda la plazoleta llena de gente bailando al rededor de unos jóvenes que guiaban al grupo, personas de diferentes culturas reunidas al ritmo de la música y después del baile a comer y hablar de nuestros platos favoritos.

Museo la Tertulia

De regreso al hostal veía las desoladas calles de Cali y me encariñaba con su calor y el color de las calles que me hacían enamorar de esta ciudad y hacer que sea muy difícil mi partida al siguiente día.