Guayaquil sin descanso

Empiezo esta historia desde la noche, cuando el bus me deja en la terminal, tenía claro que un buen lugar para mi estadía era la Bahía, para estar cerca a los principales lugares turísticos de Guayaquil y estar reparado para las actividades que tenía programadas para el siguiente día.

El taxista me recomendó un hotel económico que prefiero no nombrar pues no es muy recomendable, sin embargo solo me quedaría una noche y todo salió bien. En la mañana salí a dar una vuelta antes de hacer el check-out, estuve en el Malecón, y recorrí las calles comerciales de La Bahía de Guayaquil.

Regrese al hotel por la maleta y a caminar, vi en el mapa el puente isla Santay que no parecía estar muy lejos, después de casi 20 minutos ya estaba cruzando el río Guayas en la tranquilidad de un martes mientras veía pasear a algunas personas en bicicleta. Llego a la isla que está perfectamente condicionada para recorrerla, sin afectar la naturaleza, el camino se ve emocionante pero largo y a pesar de que tengo la opción de alquilar una bicicleta, prefiero seguir caminando para tomar algunas fotos.

Esta isla tiene una energía especial es como estar en un bosque rodeado de agua, se siente la vida en todas partes, diferentes tipos de plantas, flores, mariposas, insectos y hasta animales salbajes de los que recomiendan tener cuidado.

Para el regreso tengo que alquilar una bicicleta porque caminar con la maleta al hombro no es fácil y el calor de Guayaquil es cosa sería. Para el medio día salí de la isla y me dediqué a buscar un restaurante, como siempre prefiero la comida casera lo auctóctono y encontre un buen lugar, comi en la calle (buena vista), con entrada, ceviche y postre y además muy económico, perfecto para lo que quedaba por hacer.

Dí un par de vueltas, visité un centro comercial y al final tomé un taxi para llegar al terminal, donde empezaría mi regreso a Colombia atravezando Ecuador, el resto de la historia no la recuerdo muy bien por que soy de los que puede dormir en un bus por horas.